Cuenta con el privilegio de nunca haberse preguntado qué era lo que quería estudiar, o hacer de su vida. Siempre supo que iba a ser arte.
Allá por el 2010, cuando tenía 5 años, su viejo le regaló un artefacto extraño, una tableta gráfica (la Wacom Bamboo). En ese momento no tenía idea de las puertas que le abriría ese discreto rectángulo, y no le dio mucha bola hasta el 2016, cuando su YouTube estaba plagado de “speedpaints”, dibujos digitales, y animación. Ese momento fue el hito que marcó la diferencia, ahí entendió que ella también podía participar del arte digital y todas sus ramas. Mientras fue creciendo y profundizando además en el lado tradicional y sus materialidades, encontró entre ambos un amor y una incapacidad de separarlos. Vive su presente con los mismos ojos de esa niña, descubriendo y aprendiendo nuevas formas en las que el arte se manifiesta en todas las cosas. Como dijo Cerati: “Sacar belleza de este caos es virtud”.